• Juan Pablo Chiesa

Plan de sostenibilidad, claroscuros en un complejo escenario para la Argentina

Es de destacar la idea central del discurso de poco más de una hora de Martín Guzmán: “La sociedad argentina está primero”.



Pareciera que la historia de la Argentina es como la historia de Sísifo, castigada eternamente a pagar por sus errores, en este caso: empujar cuesta arriba por una montaña una deuda de miles de millones de dólares que, antes de poder finiquitar, se incrementa cada vez más y otra vez hacia abajo. De ahí que no deba sorprendernos que el día de ayer, el ministro de Economía, Martín Guzmán, durante su exposición en la Cámara de Diputados, frente a sindicalistas y empresarios, dejara en claro que los bonistas que “sufrirán frustraciones”, porque la Argentina no va a permitir que le marquen el ritmo para lograr alcanzar el ritmo sostenible que necesita y, así con ello, entonces sí, poder cumplir con ellos y, claro está, con el FMI.


Los ejes principales tocados en la sesión giraron en torno a la negociación y participación del FMI en la reestructuración de la deuda, la situación de los bonos AF20 y acreedores; la cual ya había sido expedida el día anterior en un comunicado del mismo Ministerio de Economía.


Y con un tono pausado pero firme, el ministro habló de la estrategia de negociación, pero no dio mayores detalles; lo que si dejó en claro es que de tres escenarios posibles, solo uno es viable: que el equilibrio fiscal se alcanzará en 2022 con una economía en crecimiento y exportaciones en subas del 4,5%-5% y hasta 2023 habrá 1% superávit fiscal y converger unos años después a un superávit fiscal primario de entre 0,6% y 0,8% del producto, ello significa, según sus propias palabras, que: "Nosotros no vamos a permitir que fondos de inversión extranjeros marquen la pauta de la política macroeconómica". Acorde a esta idea, fue de destacar, la mención que Guzmán hizo sobre la Ley de Solidaridad Social, de presentar un crecimiento compartido con los jubilados, así como la mejora económica de los distintos sectores.


Previo a hablar sobre la nueva ley de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa, Guzmán detalló los indicadores económicos negativos de los últimos años, como inflación, desocupación, deuda bruta. PBI y otros. Hizo mención de los estragos que causó a la economía y estabilidad del país, el tomar deuda externa confiando en que las condiciones eran favorables y vendió lluvias de inversiones… pero lo que se vio fue una sequía como pocas o en otras palabras la realidad actual que vivimos es consecuencia de un esquema económico que estuvo muy lejos de ser exitoso.


El ministro, fue claro aclarar que la voluntad de pago se encuentra presente, sin embargo, aún no se ve sentada la credibilidad ante la situación de los vencimientos cuando se acaban de postergar 96 millones al 30 de septiembre del corriente año. El mejor escenario es que la deuda con los acreedores privados sea cancelada lo antes posible, para lo cual es necesario conocer la forma en la que se va a encarar el mismo pago.


Pedir “años de gracia” a los bonistas privados y Fondo Monetario Internacional, parece ser el pedido a realizar ya que para pagar es necesario primero generar capacidad productiva que permita cumplir con los compromisos, refiriendo así al recupero economía en pos de un superávit hacia 2023.


Las bancadas opinan Desde la bancada del diputado mendocino José Luis Ramón, solicitaron la conformación de la bicameral de seguimiento de deuda, en tanto que el diputado Carlos Heller, desde el kirchnerismo, apuntó que más que preocuparse por conocer un plan y presupuesto detallados para solventar la deuda, lo que se hace urgente es saber cómo ser sustentables para poder hacer frente a la deuda y con ello llevar tranquilidad a los argentinos.


En este sentido, Heller, se dirigió al ministro y le recordó cómo se salió de la deuda en 2006, ya que las circunstancias, dijo, son similares a las de hoy, en ese entonces se consiguió una quita de 70%y una extensión de plazos de hasta 30 años más para pagar a algunos bonos. Se pagaron 9 mil 500 millones y no 44 mil 500 como ahora.


El diputado señaló que la pérdida de control es lo más grave que trae la deuda y la presión para pagarla, y por eso, pregunto no una sino hasta cuatro veces a Martín Guzmán: ¿Cómo le parece que desde la Cámara lo podemos ayudar, qué podemos hacer de utilidad para llevar adelante este proceso que, imagino tiene un paso inevitable: hacer que la deuda sea sostenible? Y profundizó: “Díganos, por favor, qué cosas hay por hacer en este parlamento, además de preguntarle, además de controlarlo, porque es nuestro derecho, porque si el parlamento lo hubiera hecho así, la Argentina no tendría este endeudamiento y hoy no estaríamos discutiendo esto. Hubo cuatro años en que el país se endeudó sin que el parlamento tenga intervención. Es hora de sentar condiciones para que no haya nunca más un ciclo de sobreendeudamiento, ciclos que destruyen oportunidades y generan angustias y profundos desequilibrios sociales. Hay que evitar que le drama económico se convierta en una tragedia social” y finalizó su intervención preguntando una vez más: “Díganos cómo le ayudamos”.


Sin duda, para que la Argentina realmente se libre del mito de Sísifo, debe sí o sí, reestructurar la deuda, un problema bien complejo, pero como apuntó el ministro de Economía: “Hay más chances de resolverlo con respaldo de todos los sectores”. ¿Será que en ese todos, los bonistas externos que arriesgaron estén dispuestos a aceptar?

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